|
---------------------------
LA RANA GUSTAVO.
Durante los años ochenta, siendo profesor del Conservatorio de Burgos, en la extensión del barrio de Gamonal, fui testigo de varias anécdotas. En cierta ocasión, preparando las clases, se me acercaron dos alumnos, de unos nueve años. Uno de ellos era más alto que el otro. El más alto, muy enfadado, me dijo señalando al otro:
-Este me ha llamado rana.
Yo no entendía nada. Miré al alumno más pequeño y vi que no paraba de reirse maliciosamente.
-Pues llámale tu renacuajo- le propuse.
El alumno más alto tampoco entendía mi respuesta, y me dijo:
-Pues vaya compositor de música de la porra que es Usted, que no sabe quién es la rana Gustavo.
Me hizo gracia la frase y, de pronto, me dí cuenta de que el alumno alto se llamaba Gustavo y el alumno pequeño le estaba tomando el pelo. El alumno más pequeño no paraba de reirse y siempre iba a clase con una enorme cartera. Yo le llemaba "ministro sin cartera".
------------------------------
UN NIÑO SIN PIANO.
Otubre de 1982. Veo que uno de mis alumnos sigue con toda atención las explicaciones que le doy para colocar las manos y empezar a tocar el piano. Tiene muy buenas cualidades artísticas, pero tiene dificultades para estudiar el piano. Me mira con unos ojos grandes como melones y me dice:
-Es que no tengo piano. -¿Como te llamas? -Alberto Hortigüela
----------------------------------------------
CONCURSO DE SOLFEO. VEINTE DUROS DE PREMIO.
El primer año tuve que enseñar solfeo. Las clases de solfeo (hoy lenguaje musical) no resustaban atractivas para los niños, por la carencia de textos musicales adecuados. Con cincuenta y tres niños en la clase (hoy impensable) no me quedaba más remedio que inventar formas de enseñanza nuevas todos los días, para obtener resultados satisfactorios. Un día tomé la decisión de convocar un un concurso cuyo premio consistía en dar veinte duros (cien pesetas) al alumno que mayor cantidad de notas me dijera por minuto en voz alta.
A los alumnos les gustaba el premio. Durante unos días se les veía nerviosos solfeando en todas las partes con todo interés por obtener el premio. Llegó la hora del concurso y resultó ganador un niño que se llamaba Diego Galaz.
-Diego ¿que instrumento quieres estudiar al año que viene?-Le pregunté -La acordeón. -No, hombre, no me fastidies, tu tienes que ser un gran violinista. Tienes que tocar en la Orquesta nacional. Tu tienes que estudiar violín-le dije.
No sè por que le dije que tenía que estudiar violín, porque no tenía nada en contra de la acordeón. El caso es que me salió la palabra violín y como profesor debía mantener mi palabra y mis ideas para no perder autoridad.
El caso es que pasado un tiempo, volví a hacer a Diego Galaz la misma pregunta: -¿Que instrumento vas a tocar al año que viene? -La acordeón- -No, hombre, tu tienes que ser un gran violinista. -Es que mi padre... -No hagas caso a tu padre, hazme caso a mí. Tu tienes que estudiar el violín.
Parece ser que a su padre le gustaba la acordeón y el niño cuando iba al Conservatorio veía con envídia a algunos alumnos de este instrumento. Diego Galaz acabó estudiando violín. ¿Nos perdimos un acordeonista?
Cada vez que me veía su madre por el barrio de Gamonal me decía: !Que ilusión le han dado las cien pesetas del premio!!Que ilusión tiene Diego!
------------------------------------------------------------------- ------------------------
|